|
ARTÍCULO
Discos de Freno
Una de las piezas
fundamentales dentro del sistema de frenos del auto es el disco, un
fiel amigo al que es más difícil de controlar que las pastillas o el
líquido. Sus compañeros de ruta tienen la ventaja de estar más a
mano y de ser menos dolorosa su reposición, pero el disco muchas
veces sufre falta de atención. Eso se traduce en una merma de
confort de marcha y seguridad que desemboca en un obligado recambio.
Cumpliendo con la
parte teórica debemos decir que los discos de freno
son un elemento
circular que gira solidario con la rueda y que al ser presionado
axialmente por dos pastillas de material sintético -que son
empujadas por un pinza- trabajan en la detención del coche cuando el
conductor presiona el pedal del freno. El material que compone a los
discos convencionales es básicamente – y dependiendo de los
fabricantes-
una fundición gris que contiene entre un 92% y un 93% de hierro. El
resto es, en cantidades decrecientes y variables, carbono, silicio y
manganeso, entre otros metales presentes en cantidades ínfimas.
Partiendo desde la materia prima el material debe pasar por el
torneado para crear una superficie circular perfectamente plana, con
un margen de tolerancia ínfimo que asegure su correcto
funcionamiento.
Uno de los temas
fundamentales en el trabajo y la salud del disco es la temperatura.
Desde los 70° u 80° y hasta los 350° aproximadamente el disco
trabaja dentro del ideal. Por debajo de los primeros valores no
entrega todo su potencial y por encima sufre, en principio, una
merma de rendimiento y un desgaste excesivo. Pero lo peor es que
superado ese límite llegan a deformarse, provocando una vibración al
accionar los frenos.
Tipos de
discos
El disco tradicional y de diseño más antiguo es
el disco sólido, de caras planas. Concebido para un uso doméstico se
refrigera con el simple contacto con el aire, por lo que no debe ser
llevado a condiciones extremas por su limitación en la disipación
del calor. Está presente en los autos de menor potencia y su
capacidad de respuesta es limitada aunque suficiente para un uso
cotidiano normal.
Imaginando una escala de evolución le sigue el
disco ventilado, que se podría definir como un disco compuesto por
dos caras separadas por aletas que permiten el paso de aire por su
interior. Su diseño permite el enfriamiento “de adentro hacia fuera”
gracias a las aletas internas y esto permite un uso más intenso.
Algunos diseños traen aletas con forma radial -o sea recta o neutra-
y gracias a eso se pueden colocar indistintamente en cualquiera de
las ruedas. Pero también existen las aletas orientadas de tal forma
de mejorar la circulación del aire. Este diseño le aporta beneficios
a la ventilación, pero el disco debe ser colocado siguiendo una
orientación predeterminada. De no ser así el aire no circula, el
plus de refrigeración no se produce y además se sufren vibraciones y
turbulencias al andar.
Pero a mayor potencia en el motor... mayor es el
trabajo de los frenos. Por eso los grandes deportivos traen discos
ventilados y perforados. Una sucesión de perforaciones
simétricamente dispuestas -para no alterar el balanceo del disco-
atraviesan el disco de lado a lado y le ofrecen al aire una
posibilidad más de circulación, además de una serie de ventajas
adicionales. Hernán Fontana, del departamento técnico de Rehf
Competición, fabricante nacional, nos explica: “Otra de las ventajas
de los discos perforados es el incremento de vértices, por donde el
calor busca escapar. Cada uno de los milímetros que se gana en
vértices –presentes en cada uno de las perforaciones- aporta a la
lucha contra la acumulación de calor”. Las pruebas en la práctica
indican que utilizando discos perforados se puede reducir hasta un
40% la distancia de frenado. En el mercado existen discos de las
mismas dimensiones que los originales, por lo que se puede pasar de
un disco sólido original a una ventilado y perforado sin modificar
el resto del sistema. Muchas de las categorías del automovilismo
deportivo nacional eligen estos discos para equipar sus autos.
Otra de las opciones son los discos ranurados.
Las ranuras presentes en las caras de los discos buscan ofrecer un
lugar de escape para las diferentes partículas que provienen del
contacto con el medio ambiente o las que provoca el mismo contacto
entre el disco y la pastilla. Así se logra mantener constante el
coeficiente de roce y limitar la cristalización de las pastillas.
Las ranuras pueden convivir con cualquier diseño de disco.
De otro
planeta
Por supuesto que existen autos mucho más potentes
que los que comúnmente vemos en las calles de nuestro país, y para
ese tipo de “problemas” hay soluciones. Porsche, por ejemplo, para
soportar los embates de sus poderos desarrollos recurre al Porsche
Ceramic Composite Brake (PCCB). Más conocidos como “discos de
cerámica”, están presentes en los autos más potentes de la casa
alemana y sus principales ventajas son la mayor capacidad de
fricción del material y la posibilidad de trabajar a mayores
temperaturas sin perder capacidad de frenado.
En cambio la categoría estrella del automovilismo
mundial -siempre a la vanguardia- incorporó desde hace varios años
el carbono. Así es como los fabricantes que proveen a la Fórmula 1
desarrollaron discos que gracias a las propiedades del carbono,
material reinante en su composición, pueden ofrecer un rendimiento
óptimo a 1000°C. Y con margen, porque los discos suelen pasar
pruebas de hasta 2000°C. Todo gracias a las bondades del material y
una fabricación en la que se busca evitar la más mínima presencia de
porosidad en el cuerpo de los discos y que puede llevar semanas sólo
su cocción.
Cuándo reemplazarlos
En todos los casos los discos deben ser revisados
periódicamente y reemplazados en caso de encontrar alguna anomalía.
Estas son rayas, surcos o deformaciones, desgaste asimétrico entre
las caras, y rajaduras o golpes visibles.
En caso de reemplazarlos deberá hacerse de a
pares –el del mismo eje- y deben ser perfectamente balanceados. Cada
vez que se cambien los discos se deberán cambiar las pastillas, sin
importar su estado, y tener en cuenta al momento de elegirlas que
cuanto más duras sean más agresivas serán con el disco. Luego del
reemplazo se deberán evitar frenadas bruscas en los primeros 300 o
400 kilómetros. También se recomienda balancear el conjunto rodante
luego del recambio.
|