Es sabido que, cuando se trata de tuning, la mayor potencia no tiene por qué estar escondida debajo del capot, como demuestra el auto que Mario Alberto deja estacionado al amparo de una sombra salvadora en San Miguel de Tucumán. El motor de su Chevrolet Corsa Classic modelo 2005 sólo enarbola promesas de un futuro mejor; por ahora hay que conformarse con 1.600 centímetros cúbicos y 80 caballos de fuerza. Dicho lisa y llanamente, sus prestaciones siguen siendo las mismas que el día en que salió de la fábrica de General Motors. ¿Creen ustedes que al dueño lo preocupa? No: sabe que nadie vuelve a pensar en el motor una vez abierto el portón trasero. Allí está la cara más visible de un sistema de audio al que se le dio importancia suficiente como para amputar los asientos posteriores.
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Perdón, ya nos estábamos olvidando de presentarlo. Mario tiene 28 años y durante el día trabaja de comerciante. Cuando la jornada laboral llega a su fin, se junta con su primo para compartir el otro trabajo, el más gratificante. La personalización del Corsa los llevó a unir fuerzas hace 18 meses y desde entonces forman un equipo inseparable, aunque también atravesaron momentos de tormenta. “Es casi inevitable algún que otro encontronazo después de tanto tiempo y reformas”, dice Ibis, el primo en cuestión. “Me acuerdo que un día llegué a la casa de Mario y vi todo el equipo de audio desarmado. Le pregunté qué había pasado y me explicó que quería cambiar su disposición. Bueno, lo ayudé a reacomodar las cajas y a probar los parlantes hasta que el sonido lo dejó conforme. Al fin de semana siguiente paso de nuevo a visitarlo y me encuentro con los equipos en la ubicación anterior. Me enojé bastante. ¿Semejante esfuerzo para nada? El señor se había arrepentido y prefirió dar marcha atrás”.
Hablando de preferencias, es necesario aclarar que este Chevrolet fue la segunda opción de Mario. No tiene drama en admitirlo: “El Corsa me gusta mucho pero andaba buscando una Saveiro. No la compré por falta de plata, así que todavía la tengo en la mira. Algún día le llegará la hora de ser personalizada por mí”.
Mientras tanto se entretuvo con el Chevrolet aquí presente. Lo compró en el 2005 pensando en ponerle sólo llantas rodado 16 y un equipo de música decente, pero los $ 28.000 de inversión alcanzaron para bastantes cosas más. Por empezar, las llantas son ahora R.A. de 17’’ y llevan cubiertas Kumho Ecsta 205/40/17. El “equipo de música decente” derivó en cajas de audio hechas de madera con molduras en fibra ubicadas donde alguna vez estuvieron los asientos traseros. Alojan 4 subwoofers Audiopipe de 15’’ y color gris metalizado dispuestos dos arriba y dos abajo. Las potencias Sony y Lexsen contribuyen con 2.000 W en total. Por el lado del video hay dos pantallas B52 de 8 y 10 pulgadas; la primera está colocada entre los parasoles y la segunda en el baúl, justo debajo de los drivers Selenium.
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Los trabajos sobre el cuerpo del Corsa apuntaron a suavizar las superficies. Ensancharon guardabarros y unieron a la carrocería los paragolpes y los zócalos tipo M3. También reformaron la parrilla agregándole una rejilla de aluminio.
El color del auto es el original, interrumpido únicamente por el rojo característico de las ópticas traseras marca Altezza. Mario respetó la tonalidad de la carrocería hasta en el interior y pintó el torpedo haciendo juego, puso alfombras y pedalera de aluminio y un volante deportivo T-Horn R que combina negro, gris y plateado. Pronto vendrán los flashes a iluminar el habitáculo y quién sabe cuántos accesorios más. Hasta que, por supuesto, el Chevrolet ceda su lugar a la Saveiro.
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